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Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial contra la Desertificación y la Sequía, y hoy más que nunca, es necesario hacer conciencia sobre el rápido avance de la sequía en Chile y el planeta, y sobre las negativas y desconocidas consecuencias que esta tiene. Según informes de Naciones Unidas, en 2025 alrededor de 1.800 millones de personas en el mundo combatirán una situación de absoluta escasez de agua, mientras que dos tercios de la población no tendrá suficientes recursos hídricos.

La desertificación es el proceso de degradación en el que el suelo fértil -por ende productivo- pierde parcial o totalmente la potencia de producción. Esto sucede principalmente por la desaparición de la cubierta vegetal que mantiene fértil la capa del suelo, una consecuencia directa de la indiscriminada deforestación. Existen varios otros factores que afectan e intensifican esta problemática: la sobre explotación de tierra, la mala utilización del agua, incendios, la agricultura y ganadería intensiva y la sobre población que lleva a la expansión urbana. Datos de la ONU confirman que cada año, el mundo pierde 24.000 millones de toneladas de suelo fértil. España es el país de la Unión Europea (UE) con mayor índice de desertificación: un 75% de su territorio se encuentra en “peligro de desertificación” y un 20% ya está afectado, según la organización mundial de conservación WWF.

Otro problema medioambiental que se ha incrementado a nivel mundial es la sequía. Esta se define como la falta de lluvias durante un tiempo prolongado, produciendo sequedad en las tierras y escasez de agua.

Chile se ha visto inmensamente afectado por ambos fenómenos: sequía y desertificación. Según estimaciones de Conaf, el 72% del territorio chileno sufre de sequía, lo cual afecta directamente a 16 millones de personas. Además, el 22% del territorio está afectado por la desertificación, produciendo un impacto negativo en más de 7 millones de chilenos.

En Kenia, debido a la sequía, muchas personas han tenido que abandonar sus hogares y buscar nuevas oportunidades en lugares que contengan lo que les falta: agua y alimentos. Esta situación se volverá realidad para varios: según datos de la Agencia de la ONU para Refugiados, en los próximos 50 años, entre 250 y 1.000 millones de personas dejarán sus casas a causa del cambio climático.

Es urgente subirse al tren de las soluciones y no hacer vista gorda a un problema que afecta nuestra flora y fauna. Debemos rehabilitar nuestras tierras, crear iniciativas para reparar los terrenos, fomentar el desarrollo sostenible del suelo, así como también la protección de la biodiversidad de ecosistemas. El secretario ejecutivo de la Convención de la ONU, Ibrahim Thiaw, dijo en conmemoración de este día que “no se trata solo de arena, no es un problema aislado que desaparecerá silenciosamente, no es problema de otra persona”. Thiaw agregó que “los consumidores tenemos el poder de actuar y realizar acciones simples que ayuden a proteger nuestra tierra”.

Por Ignacia Domínguez