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Únete al “slow-fashion” con ROCK N DRESS

El consumismo ha llevado a nuestra sociedad -de manera mundial- a adquirir cosas que no son necesarias, siendo el clóset de cada persona, una acumulación excesiva. Lamentablemente, este mal hábito ha llevado a la industria textil a ser una de las más contaminantes del planeta, siendo la responsable del 20% de los tóxicos que se vierten en el agua, e incluso ha llegado a compararse con la contaminación de un auto en movimiento.

Un estudio realizado por la firma AEG llamado “Los españoles y su armario”, dejó al descubierto los hábitos de consumo que tienen. Los resultados son preocupantes: 6 de cada 10 españoles compran ropa todos los meses; el 59% de los encuestados tiene más de 35 prendas guardadas -desconociendo generalmente su material-; y 7 de cada 10 españoles se ponen su outfit preferido todas las semanas. Claramente, esta normalizada práctica no es ecológica. Por lo tanto, la pregunta es… ¿Es necesario comprar, comprar y volver a comprar?

“Hoy en día hay muchos modelos de negocios con una economía circular (…) esta tiene un tema de sustentabilidad en cuanto a lo económico, a lo social y a lo medioambiental”, cuenta Ángela Amunátegui, diseñadora gráfica y co-founder de Rock N Dress, una tienda de arriendo y puesta en arriendo de vestidos. Pioneras en Chile, buscan aportar al cambio de consciencia del consumo y el gasto. Ángela sostiene que “estamos combatiendo el fast-fashion, se hacen 80 mil millones de prendas al año, cada un segundo un camión de basura está botando textiles a los ríos y desde hace 10 años que consumimos el 60% más de lo que comprábamos antes y utilizamos menos de la mitad, un 40%”. Además, el 60% de las prendas tienen poliéster, un material que tarda décadas en biodegradarse y genera tres veces más dióxido de carbono que el algodón.

Los datos son alarmantes. Es por esto que, en 2017, Ángela junto a su prima se hicieron socias y comenzaron este proyecto en una pieza. A la fecha, se han cambiado más de cinco veces de local, debido al leve incremento que comenzaron a tener. “Al principio no agarró nada de vuelo. Siempre tuvimos la duda de si la sociedad que no arrienda vestidos, lo haría” cuenta la diseñadora. Sin embargo, luego de un lavado de imagen, abrieron una tienda, fueron ganadoras de la CORFO y el crecimiento no paró. La idea nació “cachando el nicho de los vestidos, ¿cuál es la ropa que menos usamos y en la que más gastamos? – la ropa formal”, agrega Ángela.

Este servicio, que funciona con un sistema colaborativo, trabaja también con up-cycling (transformar residuos en objetos de valor) y con marcas de ropa reutilizada y confeccionada a mano. Por ende, el beneficio es para todos, incluido el medio ambiente. Si bien la idea es buena, según la fundadora, “es más que eso, creo que le hace mucho sentido a la gente, y eso hace que este modelo de negocio funcione”.

Ángela afirma que están bajando mucho la huella hídrica, ya que cada vestido es producido con 5 mil litros de agua, y agrega que “no estamos salvando el planeta, pero sí es un gran aporte: reducimos el gasto de agua, no fomentamos la compra innecesaria y fomentamos el darles una nueva vida útil a las prendas”. Y es que estamos en los tiempos para decirle adiós al fast-fashion y darle la bienvenida a la moda sustentable.