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CUIDANDO TU PIEL, CUIDAS TU VIDA

La luz solar nos entrega vitalidad y energía. Siendo necesaria para nuestra existencia, tiene una serie de beneficios al exponernos a ella de manera moderada y responsable. Funciona como antidepresivo, ya que la luz favorece el buen estado de ánimo. También es una gran fuente de vitamina D, siendo esta fundamental para la buena formación y desarrollo de nuestro sistema óseo, aportando con calcio en nuestros huesos. Para quienes sufren de acné, la luz solar ha sido efectiva para su eliminación, sin embargo, si es excesivo podría generar un aumento de este.

A pesar de estos bienes, la exposición al sol de manera frecuente, sostenida y sin protección es una práctica que cada día se vuelve más riesgosa. Una persona tiene el doble de probabilidad de desarrollar melanoma si ha tenido al menos cinco quemaduras en su vida. Lamentablemente, según The Skin Cancer Foundation, el 42% de los encuestados han sufrido quemaduras por el sol –por lo mínimo- una vez al año.

La luz solar contiene rayos infrarrojos, los cuales producen el calor, y rayos ultravioletas. Los rayos UV son aquellos que activan las células del color –melanocitos- dando origen al bronceado como respuesta defensiva de nuestra piel a la radiación solar. Al excederse, la piel se quema. De este modo, comienzan a morir las células de la piel, acelerando su envejecimiento y provocando manchas, “arrugas” e intolerancia al sol, conocida como “alergia solar”.

Estos cambios son los que muchas veces terminan en cáncer de piel. El carcinoma basocelular y el carcinoma de células escamosas son cánceres de piel relacionados con la acumulación de sol durante años, desarrollándose generalmente en zonas más expuestas como cara, orejas o manos. En el caso del melanoma –cáncer de piel más agresivo-, puede manifestarse debido a una breve pero intensa exposición a los rayos UV. ¡Recuerda que el 90% del cáncer de piel puede ser tratado si se detecta a tiempo!

La capa de ozono nos protege de estos rayos, es por esto que es de vital importancia cuidarla. Sin embargo, hay un daño ya hecho que es irreversible. Hoy más que nunca hay que tomar conciencia y cuidarse al momento de estar al sol.

Es extremadamente necesario usar bloqueador solar, sobre todo en estas fechas de verano. Ojalá que este sea como mínimo 50 y aplicarlo treinta minutos antes de exponerse al sol. El sudor y el agua eliminan el factor, por ende hay que aplicarlo frecuentemente.

Evita tomar sol en las horas centrales del día (10-16 horas), ya que los rayos son más intensos, y peligrosos. Y si sabes que estarás expuesto al sol, siempre es recomendable llevar un sombrero, lentes de sol con protección UV y ropa que proteja tu escote, cuello y manos.

¡Mucho cuidado con los remedios sin receta que ingieres y con las cremas o productos que utilizas! Algunos medicamentos pueden aumentar la sensibilidad a la luz solar, como el ibuprofeno, la aspirina o algunos antidepresivos. Y si vas a usar cremas, verifica que sean protectores de los rayos UV, ya que al ser algunas cítricas o de origen vegetal podrían agravar las quemaduras y producir manchas en la piel.

Hidratarse debe ser siempre parte de tu rutina. Pero no olvides que mientras más calor, más agua pierde tu cuerpo. ¡Preocúpate de siempre andar preparado con tu botella! Al terminar un día expuesto al sol, es aconsejable rehidratarse con una ducha, ya que genera un efecto calmante, al igual que usar productos sin sulfatos que disminuyan los efectos tóxicos de los rayos UV. Así también, muchos dermatólogos recomiendan la aplicación de un sérum de vitamina C y de After-Sun, ya que hidrata en profundidad y deja una sensación de alivio prolongada. También se ha llegado a recomendar baños de avena o algas, que gracias a sus propiedades son idóneos para calmar la piel.

Por supuesto que existen alimentos que ayudan a regenerar la piel. El aceite de girasol actúa como antioxidante, aportando elasticidad y resistencia. Otros antioxidantes son las frutas ricas en vitamina C, como el kiwi, melón, fresas, cítricos, etc. También las hortalizas como el tomate, brócoli o coliflor son grandes aportes de vitamina C. Y para reparar daños estimulando el proceso de renovación celular, los pescados azules como el atún o salmón, son una buena alternativa.

Cuidar tu piel antes, durante y después de estar al sol puede salvar tu vida. Que tus ganas de tener una piel más bronceada no termine siendo una peligrosa adicción.

Por Ignacia Domínguez